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Conocidas son las disputas que China mantiene con diversos países vecinos por el control de islas, islotes, arrecifes y rocas. El caso de las Senkaku (o Diaoyu en chino) es el más conocido, por las fricciones, palabras y acusaciones cruzadas que de manera cíclica genera entre Japón y China.

Estos días se habla del fallo del Tribunal de la Haya sobre las Spratly (Nansha qundao), un amplio conjunto de islas —o quizá simplemente rocas, que es lo que intenta determinar el Tribunal— situado entre Vietnam y las Filipinas. Muchas de ellas son sólo visibles durante la marea baja.

Hace algunos años, en 2013, el gobierno filipino de Benigno Aquino reclamó la intermediación de la Corte Permanente de Arbitraje con el objetivo de frenar la política de control que China pretende ejercer sobre la región. Diversos países reclaman la soberanía total o parcial de las Spratly junto a China y Filipinas, como Vietnam, Taiwán y Malasia, a pesar de representar un conjunto de islotes sin excesiva importancia por sus recursos —no está demostrada la existencia de gas o petróleo en su subsuelo—, más allá de la pesca, y con una irrisoria superficie total de menos de 5km2, aunque en los últimos años ésta va en aumento por la construcción artificial de extensiones de tierra, especialmente por parte de China. Sin embargo, su importancia geoestratégica es enorme, por las rutas comerciales que pasan por la región y las ventajas que puede representar controlarlas de modo restrictivo, de ahí el papel tan destacado que otorga el gobierno de Pekín a la cuestión.

El gobierno chino basas sus reclamaciones en argumentos históricos. Diversos mapas muestran que la presencia china en la zona es innegable, según la historiografía oficial. Lo cual nos lleva a reflexionar sobre el papel que la historia tiene en la legitimación de las políticas territoriales de China. El caso tibetano es suficientemente conocido. La versión oficial afirma que la región del Tíbet ha formado parte del mundo chino desde su origen, algo que cualquier análisis mínimamente riguroso muestra que es históricamente inconsistente. Con las islas del mar de China ocurre algo parecido. El gobierno afirma que China ha ejercido soberanía sobre las Spratly desde como mínimo la dinastía Ming, cuando comerciantes chinos se establecieron en la región, aunque para consolidar la legitimidad de las reclamaciones chinas se explica que muchos siglos antes, desde hace incluso dos mil años, han existido expediciones chinas hasta aquellos islotes.

Los mapas Ming supuestamente muestran esta realidad. Estos días un periódico taiwanés ha publicado estratégicamente una noticia sobre el famoso mapa Ricci, que este misionero jesuita elaboró junto a un geógrafo chino durante el periodo Ming Wanli (r. 1572-1620). El artículo se centra en una de las copias que se realizaron a finales del siglo XVI del monumental mapa, concretamente la que posee la Biblioteca de la Universidad de Minnesota. La particularidad de esta copia es que ha sido alterada. Una de las inscripciones del mapa, presente en el resto de copias que se conservan, indica que las posesiones de los Ming se extienden entre los paralelos 42 en el norte y 15 en el sur, lo cual desmentiría que en aquella época las Spratly, ubicadas más al sur del paralelo 15, fuesen ya consideradas parte del imperio Ming —si bien apoyaría las reclamaciones chinas sobre las islas Paracel, que se encuentran mucho más cerca de la costa china, al norte del paralelo 15. No obstante, en la copia del mapa que posee la Universidad de Minnesota, parte de esta inscripción, la que menciona los paralelos entre los cuales estaban los territorios Ming, ha desaparecido, y en su lugar se han dibujado unas líneas de oleaje similares a las que rodean el texto.

No se conoce en qué momento se manipuló este ejemplar del mapa, que ha pasado por diferentes manos en las últimas décadas antes de adquirirlo la universidad norteamericana en 2009. Todo parece indicar que los primeros mapas que incluyen las Spratly entre los territorios chinos son de la época republicana, y posteriormente los mapas publicados durante los primeros años de la República Popular hicieron suya la reclamación. En cualquier caso, la manipulación del mapa pone de manifiesto hasta qué punto la historia —en China y fuera de China— es objeto de manipulación, sea de un modo burdo y material, como en este caso, o de un modo más sutil y discursivo, como en la mayoría de ocasiones.

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