Como deben saber, China no es un país monolingüe. Más bien al contrario, se trata de un país con un sinfín de lenguas y dialectos en ocasiones ininteligibles entre ellos.

El mandarín, la lengua oficial, es uno de ellos. Una lengua que proviene del norte y que hoy en día la mayoría de chinos conocen y saben hablar, a excepción de algunas personas de la tercera edad o de minorías étnicas como la tibetana o la uigur. Pero de lo que queremos ocuparnos aquí es de un idioma todavía más antiguo: el cantonés.

Aunque tanto el mandarín y el cantonés tengan raíces comunes, la diferencia es suficientemente acentuada como para permitir que fluya la comunicación entre ellas. Algo así como ocurre con el francés y el español.

El cantonés como referente migratorio

El cantonés no es una lengua fácil de aprender. Una de las mayores dificultades para el correcto aprendizaje es su elevado número de tonos (nueve) en comparación con el mandarín (cinco). Además, no existen normas lingüísticas para su escritura, aunque se hayan producido algunos intentos de crearlas. Se usan simplemente caracteres del mandarín que tengan un sonido similar o se romanizan algunas de sus palabras. No hay algo así como un sistema oficial que sea usado por todos sus hablantes.

El cantonés es un idioma hablado por más de 80 millones de personas y sus hablantes se concentran mayormente en las provincias de Guangdong, Guangxi y en las dos excolonias europeas ahora llamadas regiones especiales de Hong Kong y Macao. Al mismo tiempo, puesto que el flujo más elevado de inmigración china en el continente americano es también cantonesa, en países como Canadá este idioma ocupa el tercer lugar después del inglés y el francés.

La importancia del cantonés como fenómeno cultural

Ahora bien, si el cantonés es conocido en el mundo es gracias a la excolonia británica de Hong Kong. No solo por su importancia económica y su función como centro financiero, sino más bien por el uso del cantonés en la industria del cine y la música de Hong Kong. Siendo una de las más populares y creativas de Asia, de esta industria han salido personajes como Bruce Lee, Jackie Chan o Faye Wong. Y esto por supuesto ha dado un estatus al idioma dentro y fuera del país, donde muchas otras lenguas son percibidas socialmente inferiores al mandarín. Además, en los programas musicales de televisión a nivel nacional que tanto éxito tienen en China, la música cantonesa también tiene su lugar junto al mandarín.

La supervivencia de muchas lenguas y dialectos queda en entredicho por diferentes razones. El uso único del mandarín en las escuelas, la inmigración o la carencia de una identidad lingüística son algunas de esas razones.

En ciudades cantonesas como Cantón o Shenzhen, la mayoría de habitantes provienen de otras provincias y no sienten la necesidad de aprender el idioma local, aunque por supuesto hay inmigrantes que sí lo hablan o como mínimo lo entienden. Es por ello que en estas ciudades el mandarín está reemplazando a la lengua local.

Conocí hace dos años a un estadounidense de origen chino de visita en Cantón, la ciudad donde habían nacido sus padres, y se sorprendía de ver como en la capital de Guangdong no se podía uno comunicar en la lengua local.  Esto no pasa en Hong Kong o Macao, donde el cantonés es la lengua preferente y usada por el Gobierno y la mayoría de la población, incluso por los inmigrantes de otras provincias. La elevada autonomía de estas dos ex-colonias permite que la protección del idioma sea más efectiva. Es por ello que allí la romanización de los caracteres chinos, es decir, el uso del alfabeto latino para escribirlos, sea basada en el cantonés y no en el mandarín en estos dos territorios.

La conclusión de este análisis es que el cantonés como lengua tiene algunos retos por delante, pero de ninguna manera está en peligro de extinción.

Es posible que en las grandes ciudades de China continental como Cantón, Dongguan o Shenzhen haya perdido el estatus de lengua más hablada, pero la influencia de las regiones de Hong Kong, Macau y muchas de las otras ciudades sin flujos de inmigración tan elevados permiten que las tentativas centralizadoras no sean tan efectivas.

Hace unos años hubo un intento de cambiar el cantonés por el mandarín en la televisión regional de Guangdong, pero se vio frustrado después de una serie de protestas por parte de la población local. A diferencia de otras comunidades lingüísticas, esta es quizás una de las más activas en lo que respeta al uso y conservación del idioma local.

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Mi nombre es Arnau, soy de Barcelona y estoy licenciado en Ciencias Políticas y Administración por la Universidad Pompeu Fabra. He vivido en China durante 5 años, concretamente en las ciudades de Macao y Canton. Durante este tiempo he trabajado en diferentes áreas, principalmente en las de traducción e interpretación, la enseñanza del español y la importación de productos españoles. El aprendizaje del mandarín y el contacto con la comunidad local y expatriada en China me han permitido acercarme a esta cultura milenaria y ser presente de los cambios recientes y los que han venido produciéndose estos años desde la abertura del país al mundo. Mi intención es analizar de una manera más bien subjetiva diferentes aspectos relacionados con la actualidad política, la cultura y la sociedad chinas desde mi humilde punto de vista, basándome principalmente en mis propias experiencias.