“El hundimiento del comunismo no significa automáticamente la bondad del capitalismo” Benedicto XVI.

Cuando se habla de fe difícilmente se gana con la lógica y El Vaticano sabe muy bien utilizar la fe para vencer lógicas. Alguna vez me preguntaron sobre los “acercamientos” entre China y El Vaticano, a lo que respondí con que apostaba que Francisco y a Xi Jinping pronto los veríamos sentados juntos y no fue una ocurrencia.

El Vaticano es una de las instituciones con estructura piramidal y jerárquica más perfectas que nadie tiene en el mundo, su poder lo delimita el Papa y este no tiene que dar explicación alguna prácticamente a nadie, lo hemos visto a lo largo de la historia.

Los jesuitas son una de las órdenes más progresistas de la Iglesia y Francisco, el Papa en turno, busca terminar con una hegemonía unipolar que está asfixiando al mundo. Aquí empiezo con nombrar a William Casey, quien fuera director de la CIA de 1981 a 1987, él como jefe de este servicio junto a Juan Pablo II, acabarían con la multipolaridad hecha entre Estados Unidos-Rusia para dar paso a la hegemonía única de los Estados Unidos en su política militar, económica y civil cuando derrumbaron e hicieron desaparecer al “peligroso” comunismo. Karol Wojtyla fue una gran estratega, era un líder político muy tenaz y sus contribuciones en la política cambiaron al mundo para siempre cuando junto con la CIA, con la cual se reunía cada viernes, ayudaron a derrumbar el Muro de Berlín y, después, a desaparecer a la URSS. Como dijo Casey (2001, p.171), Juan Pablo II, era un Papa que probaría que la fe puede ser más efectiva que la fuerza.

Mi intención no es pintar a Estados Unidos como el malo, pero sí debemos entender que este país americano tiene muchos antecedentes de intromisión dolosos: “Irán-contras”, las presiones económicas que han hecho a México por ayudar a países como Nicaragua o Cuba, el manejo de imagen del Dalai Lama como “Diplomacia de presión” hacia China y demás hechos que han llevado al mundo a una hegemonía unipolar casi tiránica y despótica con crímenes de Lesa Humanidad como las “Guerras preventivas” que instauró George Bush Jr. después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Martin Jacques en su video “Entendiendo el ascenso de China” menciona que hoy el mundo está teniendo democracia gracias a este país y otros, y eso es porque países que siempre estuvieron pisoteados por los narco-estados de Inglaterra y Estados Unidos salieron a exigir su lugar y a competir pacíficamente para desarrollarse.

Las relaciones diplomáticas entre China y El Vaticano son inexistentes desde 1951, cuando Pío XII quitó sus votos a dos sacerdotes ordenados por Beijing, después de que Mao proclamara la República Popular de China. Entonces la curia romana se exilió junto a Chang Kai-sheg en Formosa, hoy Taiwán. Es decir, desconocieron a Mao y sólo vieron a esta provincia rebelde como el único país chino.

Han sucedido hechos que señalan algunos acercamientos entre ambos países que no están exentos de caer en resquicios: las misivas enviadas por ambos mandatarios mientras el avión de Francisco volaba sobre territorio chino, una “cortesía” que no es menor y que anteriormente no se había permitido, las misivas entre ambos y conectadas por fuentes no oficiales para que Xi Jinping visite El Vaticano, así como el interés de Francisco por visitar China. Las negociaciones se han llevado a cabo y “tal vez” (porque en política y diplomacia todo tiene un tiempo) no existan actualmente los momentos para formalizarlo, pero está el tema en las agendas de ambas naciones y ese encuentro podría cambiar al mundo.

¿Por qué? El mundo vive una convulsión de hechos que no son fortuitos, es la lucha de algunos países por mantener su influencia en una región: África, Medio Oriente, América Latina y la propia Asia. Estados Unidos con la ayuda de Juan Pablo II se entronó en el poder logrando establecer una globalización neoliberal que maneja una política económica de privatizaciones a través de instituciones financieras como el Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional, que socavan la soberanía mundial por estar atados a financiamiento de capital privado y meramente especulativo (el ejemplo es Grecia). Y ese modelo ya caduco, ha llevado a la ruina y al incremento de la pobreza de manera exponencial en muchos países, terminado con la seguridad social y potenciando el aumento del desempleo.

Eso sí, una reunión entre China y El Vaticano no es para evangelizar a los chinos y que sean felices. El “Imperio del Centro” no necesita que nadie los convierta a una religión. China es un país politeísta, y bastante espiritual. Practican varios ritos como el confucianismo, taoísmo y llegan a casarse por la iglesia católica. Pensar a estos dos países junto es para para lograr una estrategia que nos acerque a nuevas políticas en el mundo, nuevas formas e ideas de hacer las cosas y disminuir la injerencia de Estados Unidos, no para salvar almas, eso es muy corto de miras. Es decir, que países como China que han sacado de la pobreza a más de 650 millones de personas en tan sólo 30 años en conjunto con una institución como El Vaticano, liderada por un hombre que está rompiendo paradigmas, se junten, serviría para equilibrar esa unipolaridad tan dispar de Estados Unidos y propugnar por una nueva forma de desarrollo para que los países salgan por si mismos de la pobreza o con otras ayudas como el recién formado Banco de Desarrollo del BRICS.

Veo reportajes que alarman sobre como en China los católicos son perseguidos, las iglesias destruidas y censuradas ¡mentira!, China permite la religión católica tanto como otras religiones, campañas de desprestigio sobran y seguiremos viendo más.

Que esto a Estados Unidos no le gusta, claro que no, han creado estudios titulados “Los vínculos entre la Santa Sede y el comunismo.” (Thomas: 2001, p.165). Siempre nos han vendido la meta-narrativa de que el comunismo o socialismo son un peligro para el mundo, pero vemos hasta ahora que en muchos de esos países las cosas se hacen diferentes y en pos de su sociedad, no sólo para intereses de las elites. Esas meta narrativas como dijo Eric X. Li son un cáncer. Existen formas de acabar con tiranos y usureros como el FMI y el BM, celebro que entre China y El Vaticano se mire en esta dirección.

Fuentes:

Thomas, G. (2001). Mossad. La historia secreta. Madrid: Suma de Letras, S.L.   

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Mi nombre es Omar Campos, soy mexicano de nacimiento y chino de corazón desde que llegué por primera vez a esa nación. Soy profesor de universidad en temas de Economía, Administración y Reingeniería de Procesos, además de empresario. He terminado de escribir un libro titulado “Shanghái, la casa del águila” que algún día veré publicado y que espero alguien lo lea. Amo China, más Shanghái, es mi segunda casa, Pekín es hermoso pero me causa angustia su tamaño, el hermoso Hangzhou se robó algo de mí. Me tocó caminar en una nación que acabó por cambiarse a sí misma y al mundo mientras recorría sus calles, estuve en su presentación al mundo en 2008 y quiero compartir con los lectores mi visión de esta fascinante nación. Hoy mi país vive una desastrosa guerra que nos tiene sumidos en una enorme fosa mortuoria, la corrupción es cínica y una forma de vida; las comparaciones son ociosas más entre países tan distintos, pero China, México y el mundo no son tan diferentes. Entender cómo se transformó China podrá ayudarnos a cambiar al mundo y a entender nuestro entorno global desde un punto de vista humanista.