Y todo eso se perderá como lágrimas en la lluvia…

Era ya de noche, y ahí, en esa parte de Nathan, se vivía un ambiente gobernado por hindúes y hombres de color en donde la prostitución abundaba. Afuera de aquellos edificios, que en su fachada cuelgan unas enormes letras “Chungking Mansion de Luxe Hotel”, se nos invitaba a pasar. Los pasillos eran una muestra de pequeños lugares atiborrados de todo tipo de mercancías, desde Rolex “baratos” hasta pornografía que mueve miles de dólares al día. Subimos por sus desvencijados ascensores y llegamos al penúltimo piso. Al pararnos en el centro del edificio observábamos un cielo descubierto con una pertinaz llovizna y hacia abajo observamos docenas de pasillos que albergan cuartos cutres que sirven como hostales para mochileros. Sin más, Claudia soltó:

—¡Bienvenido al otro Hong Kong! —dijo ella con una sonrisa sarcástica—.

—Estoy en Blade Runner, —dije.

Y ahí fue cuando comenzamos a rememorar esos diálogos:

—¿Viste esa película, en serio te parece Hong Kong esa distopía? —me preguntó ella—.

Como toda buena mujer siempre fue una gran cazadora y yo dejaba que su curiosidad se extinguiera por sí sola, contestando a todo lo que preguntaba.

—No, Hong Kong no, este lugar, en China y por lo poco que he visto de esta provincia el término “sorprendente” se vuelve monótono.

—Bueno, esta gente también sufrió mucho, pero pelearon y exigieron una vida diferente. Este edificio es de lo último a la vista que queda de esa ciudad lúgubre. Dejaron de ser esclavos, recuerdas la frase que dijo en la película el ¡replicante Roy! “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo”. Aquí en Hong Kong y China ya no quisieron vivir con miedo.

—Ojala que algún día en México y muchos otros países la gente se canse de vivir con miedo.

—Mucha gente prefiere sus cadenas, prefieren ser esclavos del fútbol, la cerveza, y obedecer porque no sabrían qué hacer con su libertad.

—Educación Klaw, educación.

—¡Tal vez! –expresaba ella—.

Nunca le gustó perder y dudaba antes que darme la razón.

Hong Kong, irrepetible y único

Para ese momento China avanzaba velozmente procurando en su gente un desarrollo inimaginable unos pocos años atrás. Aquel lugar era un sueño raro que me hacía sentirme en esa película de Ridley Scott. Hong Kong era fascinante en todas sus aristas. ¿Recuerdan de esa misma película cuando continúa hablando Roy? “Yo he visto cosas que la humanidad jamás creería”, eso es Hong Kong.

Siempre me han preguntado, ¿qué es lo que más te ha gustado de Hong Kong, de Shanghái y de China en general? Y, sin duda, contesto que el sentimiento de ser irrepetible y único. Ser un espectador privilegiado de imágenes sorprendentes que existen solamente en el imaginario de la gente y que yo las miré y viví a diario. Nostalgia que dura sólo el momento en que ves algo y, después, como terminara su dialogo el replicante, “y todo eso se perderá como lágrimas en la lluvia”. Hoy, parece un sueño. Difícil imaginar que tras esa realidad de perfección también existe otra vida de miedo.

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Mi nombre es Omar Campos, soy mexicano de nacimiento y chino de corazón desde que llegué por primera vez a esa nación. Soy profesor de universidad en temas de Economía, Administración y Reingeniería de Procesos, además de empresario. He terminado de escribir un libro titulado “Shanghái, la casa del águila” que algún día veré publicado y que espero alguien lo lea. Amo China, más Shanghái, es mi segunda casa, Pekín es hermoso pero me causa angustia su tamaño, el hermoso Hangzhou se robó algo de mí. Me tocó caminar en una nación que acabó por cambiarse a sí misma y al mundo mientras recorría sus calles, estuve en su presentación al mundo en 2008 y quiero compartir con los lectores mi visión de esta fascinante nación. Hoy mi país vive una desastrosa guerra que nos tiene sumidos en una enorme fosa mortuoria, la corrupción es cínica y una forma de vida; las comparaciones son ociosas más entre países tan distintos, pero China, México y el mundo no son tan diferentes. Entender cómo se transformó China podrá ayudarnos a cambiar al mundo y a entender nuestro entorno global desde un punto de vista humanista.