En mi escrito pasado expresé, someramente, la manera en que la devaluación del yuan está afectando a las relaciones internacionales. Básicamente mi idea es que el gobierno chino está forzando al yuan a ser una divisa global sin una sólida economía que lo respalde, lo cual repercute en agudizar problemas en una esfera sin gobernabilidad alguna, como lo es el campo de las finanzas internacionales. En este escrito expongo la otra cara de la moneda: la manera en que las relaciones internacionales incidieron en la devaluación del yuan.

De cómo las relaciones internacionales influyen en la devaluación del yuan

Primero cabe recordar que las fluctuaciones de las monedas son recurrentes en el capitalismo global. Como señala un reporte de la Organización Internacional del Trabajo, de 1970 a 2008 ocurrieron 208 crisis monetarias, entre otras múltiples crisis capitalistas. La reciente devaluación del yuan se suma a una serie de devaluaciones en las monedas del mundo, lo que es indicativo de otra crisis monetaria global, más que de una “guerra de divisas”. Como se muestra en un breve reporte de Business World, los bancos centrales de economías emergentes tomaron diversas medidas ante las devaluaciones de sus monedas que siguieron a la devaluación de la moneda china, pero esto ¿fue causa o consecuencia de la caída del yuan?

Tomaré como ejemplo lo sucedido con el yuan ante la Recesión Global Financiera de 2008-2010. Como muestran Cornejo y Navarro (2015, p. 323), ante la crisis de 2008 se exacerbó la percepción negativa del dólar y se reanudó la firma de acuerdos de convertibilidad de China con numerosos países, profundizando en el proceso de regionalización del yuan. Pero lo anterior fue una consecuencia de la dinámica económica internacional más que una decisión de Beijing de internacionalizar su moneda.

Cabe recordar lo que pasó con el yen japonés. Cuando las autoridades monetarias japonesas decidieron que el yen flotara libremente en el nuevo sistema de cambio de divisas, en marzo de 1973, la moneda japonesa se apreció rápidamente frente al dólar estadunidense, reflejo de la madurez de la economía nipona. Pero, la crisis petrolera de ese mismo año causó la depreciación del yen. La fortaleza de la economía japonesa permitió que el yen se siguiese apreciando, pero la segunda crisis petrolera de 1979 ocasionó otra depreciación. Esto desembocó en la firma de los “Acuerdos Plaza”, de 1985, para devaluar el dólar estadunidense frente al yen japonés y el marco alemán y, así, mantener la competitividad de la economía de Estados Unidos. Lo anterior permitió reducir el déficit con Europa, no así con Japón, que en ese entonces era una economía eminentemente exportadora.

Podría decir que la dinámica de la economía global está creciendo a un ritmo mucho más acelerado que la capacidad de los países para responder ante sus vaivenes. Esto se observa, sobre todo, en el campo de las finanzas internacionales. Como afirma Roubini, el mundo necesita, al menos, un sistema de alerta para tsunamis financieros, aunque lo ideal sería una institucionalización de las prácticas financieras y monetarias para regular sus dinámicas, tal como la Organización Mundial del Comercio se creó para regular el comercio global.

En su época, la economía japonesa fue lo suficientemente madura para respaldar la fortaleza de su moneda, pero los vaivenes del mercado global le afectaron. Actualmente, la economía china es fuerte, pero no es madura para soportar la fortaleza de su moneda y convertirla en divisa global. Esto, por un lado, por la dependencia de su estrategia de crecimiento a las inversiones extrajeras que hace que las exportaciones registradas como “chinas”, sean en realidad de empresas multinacionales. Y, por otro lado, por la rapidez e incremento de la complejidad en la dinámica del sistema económico internacional.

Referencias:

Cornejo, R., & Navarro, A. (2015). China y la crisis mundial. Efectos y reacciones. En León-Manríquez, J. L. (ed.). Crisis Global, respuestas nacionales: la Gran Recesión en América Latina y Asia Pacífico, Montevideo, Observatorio América Latina-Asia Pacífico, Banco de Desarrollo de América Latina y CEPAL.

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Mi nombre es Eduardo, mexicano de corazón y estudioso de China de profesión. Estudié Relaciones Internacionales en la universidad y tengo un posgrado en Estudios sobre China. Mi interés por China surgió al momento de ver la clásica película “El Último Emperador”, en mi adolescencia. A partir de entonces mi curiosidad por esta interesante cultura creció, así como la dedicación de mi tiempo para su estudio. Esto me ha llevado a participar en publicaciones, reseñas y ponencias sobre las relaciones internacionales de China, de manera profesional. Espero poder algún día comprender, de manera más cabal, el andar global de este país.