No es novedad decir que la relación entre China y Estados Unidos es compleja. Incluso mucho antes del nacimiento de la República Popular China, Estados Unidos ya tenía pendientes con el país asiático, sobre todo por la extraterritorialidad que Washington también exigió a la dinastía Qing (al igual que las potencias europeas), por la situación comercial, y por la agresión a misioneros protestantes estadunidenses por parte de los Bóxers. Lo anterior se puede ver, más o menos, en la película 55 Days at Peking, de 1963.

La reciente visita del presidente chino a Estados Unidos es reflejo de la notoria complejidad de la relación bilateral. Sin embargo, a diferencia de la poca importancia de esta agenda bilateral para el sistema internacional de hace un siglo, actualmente el estatus de ambos países –y su complicada relación– bien podrían definir al sistema internacional en los años venideros.

De la percepción de los líderes chinos sobre Estados Unidos

Ante la mayor potencia del mundo, los líderes de la República Popular China siempre han mostrado una actitud ambivalente, por no decir pragmática. Apenas dos años antes de la visita de Nixon a Beijing, Mao Zedong convocaba a los pueblos del mundo a ir en contra del “imperialismo estadunidense”, que se mostraba en la invasión a Vietnam y Camboya. Pero, en la antesala de la primera visita de un mandatario estadunidense a China, el Diario del Pueblo publicó el discurso de inauguración del mandato de Nixon, íntegro, en chino y en primera plana. La retórica antiimperialista no era tan radical como se suponía.

Después, Deng Xiaoping, mantendría un público discurso antiimperialista, como parte de la identidad del “ser revolucionario”, al etiquetar a Estados Unidos como un “practicante del hegemonismo”, en su discurso sobre política exterior de China de 1982. Lo anterior aún con su visita a Estados Unidos tan solo tres años antes, –la primera visita de un funcionario chino al país americano. La ambivalencia de este líder político no podría resumirse mejor que en la siguiente cita: “… a pesar de las sanciones impuestas por siete países occidentales, nos adherimos a un principio: mantener contacto y construir buenas relaciones con la Unión Soviética, los Estados Unidos, y también con Japón y los países europeos”, del discurso de Deng Xiaoping de 1990 sobre la exigencia de no intromisión extrajera a asuntos internos de China.

El rápido desarrollo económico de China ha sido visto con recelo desde Estados Unidos, sobre todo a partir del año 2000. Por ello, en el marco del liderazgo de Jiang Zeming se formuló la “Teoría del Ascenso Pacífico” con base en el pensamiento del teórico del partido Zheng Bijian. Hu Jintao, presidente chino de 2002 a 2012, formuló su “Teoría del Mundo Armonioso”, en la que establece, entre otras cosas, que China “promueve la democracia, la armonía, la cooperación y el progreso común en las relaciones internacionales y el respeto por la diversidad de las civilizaciones humanas”. En esta línea, en su visita a Estados Unidos en 2011 Hu Jintao invitó al país americano a “construir un mundo armonioso de paz duradera y prosperidad común”.

Con Xi Jinping, la percepción mutua se ha matizado un poco. Si bien los líderes chinos procuran mantener un tono neutral en su trato con Estados Unidos, cada vez es mayor la percepción que China tiene de sí misma, como una “potencia mundial” (大国, daguo). Así lo estableció Xi Jinping en el discurso de visita a Estados Unidos, sobre “buscar un nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias”. Incluso el presidente chino afirma que comparte una responsabilidad con Estados Unidos (责任共担,  Zeren gongdan, “responsabilidad compartida”) para el manejo de los asuntos globales.

Esta percepción sobre el estatus de potencia mundial no es solo china, sino también estadunidense. Joseph Nye, el gran teórico estadunidense de Relaciones Internacionales, afirma que es prudente la intención del presidente chino de buscar nuevos modelos de relaciones entre grandes potencias, para evitar lo que ha sucedido desde tiempos de la Guerra del Peloponeso de Tucídides: las guerras hegemónicas.

Este tema da mucho de qué hablar. En resumidas cuentas, la relación sino-estadunidense, ya compleja, aumenta su profundidad e interdependencia. Lo anterior en el marco del fortalecimiento internacional de China, y del estatus de hegemonía global de Estados Unidos. China, sin embargo, no es la Unión Soviética; no busca una confrontación pero tampoco una sumisión.

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Mi nombre es Eduardo, mexicano de corazón y estudioso de China de profesión. Estudié Relaciones Internacionales en la universidad y tengo un posgrado en Estudios sobre China. Mi interés por China surgió al momento de ver la clásica película “El Último Emperador”, en mi adolescencia. A partir de entonces mi curiosidad por esta interesante cultura creció, así como la dedicación de mi tiempo para su estudio. Esto me ha llevado a participar en publicaciones, reseñas y ponencias sobre las relaciones internacionales de China, de manera profesional. Espero poder algún día comprender, de manera más cabal, el andar global de este país.