Con la reciente llegada del tren con 32 contenedores a la capital iraní de Teherán, que salió el 29 de enero de la ciudad de Yiwu (Zhejiang), se abren espacios para una mayor influencia económica de China en Asia. Algunos analistas afirman que la intención de revivir la antigua Ruta de la Seda es deliberativa para consolidar un poder hegemónico, mientras otros apuntan a que Beijing no tiene intenciones de modificar el statu quo regional debido a su atención eminentemente interna.

¿Qué implicaciones tienen las Rutas de la Seda?

El enorme proyecto económico chino para Asia occidental tiene numerosas implicaciones, que van desde lo comercial hasta lo geopolítico.

El proyecto conocido como 一带一路 (yidai yilu, “Un cinturón, un camino”, o como yo prefiero llamarle “Las Rutas”, y que es  una contracción de 丝绸之路经济带和21世纪海上丝绸之路 sichou zhi lu jingji dai he 21 shiji haishang sichou zhi lu, “Cinturón Económico Ruta de la Seda y Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI”) surgió oficialmente en 2013 cuando Xi Jinping realizó visitas oficiales a países del Centro y del Sureste asiático. Sin embargo, también es una respuesta a las necesidades de infraestructura comercial que China requiere para llevar sus productos a su occidente.

La iniciativa no es nueva. Desde la década de 1990 el gobierno chino se ha enfocado en construir vínculos terrestres con sus países vecinos para una mejor afluencia comercial. Pero el boom en infraestructura comenzó solo después de que el gobierno chino comunicara la iniciativa a sus vecinos, pero sobre todo después del lanzamiento del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII). De hecho, es posible aseverar que ambos proyectos están íntimamente ligados.

En el primero de los artículos de acuerdo que dieron origen al BAII, se establece, como uno de los propósitos del banco, “[…] mejorar la conectividad en Asia al invertir en infraestructura y otros sectores productivos”, y en la primera parte del plan de acción sobre la iniciativa de Las Rutas se establece que “La iniciativa de Las Rutas de la Seda tiene como objetivo  promover la conectividad de los continentes asiáticos, europeos y africanos…”.

Pareciera, pues, que China quiere dominar la dinámica de infraestructura y comercio de Asia. Tal es la opinión de Pantucci (2016), quien afirma que el proyecto chino está dirigido a apartar a Rusia del comercio euroasiático. En una línea similar, aunque con una crítica más matizada, se ubica Tiezzi (2015), al enfatizar el “liderazgo” que Beijing quiere ejercer en la construcción de Las Rutas de la Seda. Lo que ambos autores olvidan es la importante presencia de Japón, la ascendente consolidación de la Asociación de Naciones del Sureste de Asia como actor regional y la estrecha vinculación de Rusia con China en el seno de la Organización para la Cooperación de Shanghái, la cual está ampliando sus facultades a temas económicos.

Aquéllos que piensan que Las Rutas, junto con el BAII, son pasos para consolidar la hegemonía económica china, pasan por alto los grandes retos que salen de las manos de Beijing.

Por un lado, como subraya Brewster (2015), la iniciativa de Las Rutas pasa por países políticamente inestables, con altos niveles de corrupción (sin tener la eficacia del gobierno chino para combatir esto), o con un registro histórico de altos niveles de conflicto civil. Por otro lado, cabe recordar que hay varias potencias mundiales que podrán generar un contrapeso frente a China en materia de la toma de decisiones al interior del BAII.

Respondiendo a la pregunta sobre las implicaciones de Las Rutas, definitivamente consolida el poder de China en la región. Esto, no obstante, no implica necesariamente un paso en el camino hacia la hegemonía. China tiene aún muchos asuntos internos y de su inmediata vecindad qué resolver. Valdría, por tanto, enfatizar las implicaciones para la región asiática.

Dejando de lado la propaganda alrededor del proyecto, que manifiesta sentidos ideales como el hermanamiento entre los pueblos –y los cuáles se pueden ver de manera pintoresca en la película Dragon Blade que justo se estrenó hace un año en el marco de la efervescencia de todo este asunto–;  lo cierto es que Las Rutas de la Seda, junto con el BAII, están teniendo resultados palpables en la infraestructura regional. Por ejemplo, China no es un país tradicionalmente marítimo y, sin embargo, el comercio entre el país asiático y los países que conforman la Ruta Marítima de la Seda creció un 18.2% anual en la última década.

Como se observa, pese a las dificultades planteadas, el comercio y la inversión en infraestructura pueden ser alicientes, tan necesarios en estos momentos, para el desarrollo regional.

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Mi nombre es Eduardo, mexicano de corazón y estudioso de China de profesión. Estudié Relaciones Internacionales en la universidad y tengo un posgrado en Estudios sobre China. Mi interés por China surgió al momento de ver la clásica película “El Último Emperador”, en mi adolescencia. A partir de entonces mi curiosidad por esta interesante cultura creció, así como la dedicación de mi tiempo para su estudio. Esto me ha llevado a participar en publicaciones, reseñas y ponencias sobre las relaciones internacionales de China, de manera profesional. Espero poder algún día comprender, de manera más cabal, el andar global de este país.