Un pequeño homenaje a los 43 estudiantes asesinados en Ayotzinapa cuando se cumple un año de esa matanza y que el gobierno no pretende resolver. A las más de 7 mil mujeres desaparecidas y 48 mil niños robados de los cuales el gobierno mexicano es culpable. Las fuerzas armadas nos protegen, son los políticos quienes están desangrando a nuestro país.

Existe una cosa que no puede alcanzar ni la falsedad ni la perfidia y que es la tremenda sentencia de la historia. Ella nos juzgará. Benito Juárez

El pasado 15 de septiembre en México se celebró el “Grito de Independencia”. En esta fecha el Presidente de la República realiza todo un ritual político para salir al balcón de Palacio de Gobierno, en el Zócalo de la Ciudad de México y dar “el Grito”, una arenga patriótica, que sirve para recordar el año de 1810 en donde Miguel Hidalgo junto con los habitantes de un pueblo se levantaron en armas para independizarse de España.

Un día después desfilan las fuerzas armadas junto a ese balcón para mostrar su lealtad al Presidente en turno. Debo decir que gracias a esos hombres y mujeres de las fuerzas armadas mi país no ha terminado de hundirse. Esa arenga patriotera sirve realmente para que el Presidente se luzca ante México y la prensa internacional, además de ser un termómetro para conocer su aceptación ante el pueblo que lo eligió.

A 205 años de que la Republica Mexicana iniciara su Independencia, no es ni soberana ni independiente, para muestra dos situaciones: está bien documentado que la malograda “Reforma Petrolera” en mi país fue hecha por Hillary Clinton y algunos think-tanks estadounidenses para que obtengan recursos petroleros necesarios de México, así, en el futuro los americanos podrán hacer frente a China y Rusia sin necesidad de andar haciendo guerras en otros lados y gastando dinero que no tiene; dos, en México lo que comemos lo tenemos que importar, no tenemos siquiera soberanía alimentaria.

Pero este Grito sí demostró que a Peña Nieto el pueblo de México no lo quiere, debido a sus incompetencias, corruptelas e ignorancia, además de políticas entreguistas. Su administración está acabada, cada vez va más en picada y eso que falta todavía la crisis de 2016.

Doce días antes en China se celebraba el desfile militar que conmemoraraba el 70 aniversario de su victoria sobre los japoneses y el término de la Segunda Guerra Mundial, que costó más de 14 millones de nacionales muertos a manos de los nipones. Debemos entender que ese desfile también envía varios mensajes. El primero, y al cual apelan los más simplistas, dice que ese acto militar es la forma en que el gobierno mete a la cabeza de los chinos un sentimiento nacionalista de odio en contra de países extranjeras como Japón y Estados Unidos. La historia de la cual nadie escapa enseña como China sufrió invasiones y humillaciones por parte de estas potencias antes señaladas para luego ser sometida a tratados humillantes y, durante décadas, ser pisoteada. Escribo para un colectivo español y no pretendo culpar a los españoles de las desgracias que suceden en mi país. La culpa de los males de México son sólo de los mexicanos por ignorantes y agachones, no va conmigo el culpar a otros, pero aquí, el gobierno pretende olvidar y hacer olvidar a la gente que no hemos sufrido agresiones de países como Estados Unidos mientras nos continúan saqueando y llenando de armas para que nos matemos.

En China en 1996 se escribió un libro titulado “China Can Say No” (China puede decir no) escrito por poetas y editores en donde se menciona que potencias extrajeras como Estados Unidos les habían faltado al respeto reiteradamente por entrometerse constantemente en su vida nacional, también, se menciona las masacres sufridas a manos de los japoneses. El escrito se convirtió en un “mantra” en China porque mencionaba que para ese momento, aquella nación había dejado de ser débil, y entonces debía y podía “decir que no” a toda esa injerencia. Aquí tomó fuerza nuevamente esa parte de lo que se conoce como juventud enfadada (憤青; Fenqing), jóvenes que entienden que su fuerza como país gira en torno a su nacionalismo. Ellos critican ferozmente y con conocimiento de causa a esas naciones extranjeras. Recordemos como ejemplo el bombardeo que la OTAN realizó en contra de la Embajada de China en 1999, en Belgrado. La OTAN se disculpó y alegó que se equivocó pero fue poco creíble, ya que era el único edificio en el lugar.

En este 2015, China sortea los embates de una crisis económica, pero ese desfile militar muestra cada año como esa nación se encuentra unida en torno a ese nacionalismo que pasa por la enorme Avenida de Chang’An, reverencia a un hombre como Mao Zedong a las puertas de la Ciudad Prohibida y saluda a su máximo líder, Xi Jinping. Beijing no maneja campañas de odio para su gente, pero a nadie se le olvida cómo fueron humillados, y si lo recuerdan es para que la gente lo tenga presente y jamás vuelva a ocurrir.

En México el 92% de la banca esta extranjerizada, somos el único país en el mundo con esa condición y, el petróleo y otros sectores neurálgicos, están privatizados o a punto de estarlo como el agua. Eso hace de México un país débil, deshecho, manipulado y expuesto al vaivén de lo que pasa en el mundo. En China le recuerdan a la gente su identidad, que su ejército está para salvaguardarlos y no para ser utilizado por corruptos para matar a su pueblo. Eso no es lavarles la cabeza, eso es historia. Ya lo dijo muy bien Marco Tulio Cicerón: “un pueblo que olvida su historia está condenando a repetirla”. La muestra es mi país, así que China no envía mensajes simplistas de odio a su pueblo, afianza su nacionalismo.

En ese desfile militar se mostraron 500 piezas de artillería de última generación, una gran variedad de su arsenal de misiles nucleares y al “portador de la muerte”, un misil DF-21D y todas sus variantes de misiles intercontinentales con la finalidad de mostrar el poderío chino al mundo y su cooperación con otro grande en la geopolítica, Vladimir Putin. Ese mensaje llegó claro a occidente, sobre todo a Estados Unidos, que basa su poder en la invasión, muerte, robo de hidrocarburos e injerencia en políticas internacionales.

Hoy Estados Unidos vuelve a armar a su antigua víctima, Japón, a pesar de que los ciudadanos japoneses se oponen a que los estadounidenses establezcan bases militares en su país. El pretexto son las Islas Diaoyou, las cuales son de China. Japón sólo es un peón en el ajedrez del país americano para provocar a los chinos. Este desfile es un escaparate de la eclosión militar y diplomática de la Republica Popular, dando cuenta al mundo de que son pacíficos, pero demostrando que pueden defenderse con la tecnología más avanzada y que el pueblo está unido en torno a Xi Jinping, a su gobierno y a sus fuerzas armadas. Recordando que ahí no habrá “Revolución de Colores” porque en China la familia gira en torno al gobierno. Los chinos recuerdan muy bien su historia, aman la paz, pero jamás permitirán que se les vuelva a humillar, a diferencia de México, que somos un pueblo ignorante y preferimos olvidar con tal de continuar con nuestro status quo.

Alfredo Jalife-Rahme, especialista en temas de geopolítica, mencionó algo que pocos pueden entender, pero que es muy real y peligroso. Con todo el petróleo que está regalando a Estados Unidos el gobierno mexicano un día de estos los mexicanos nos enteraremos que Norteamérica (EE.UU.,Canadá y México) declaró la guerra a China.

Veremos que sucede con la visita de Francisco, Vladimir Putin y Xi Jinping a la ONU en Estados Unidos, el futuro del mundo depende de esos tres estadistas que requieren resolver en primera instancia la situación de Siria. Mientras en México seguiremos peleando para que nuestros bienes se queden en nuestro país, para nuestro beneficio y se terminare con estos regímenes de muerte, corrupción e ineficiencia que nos están llevando a un país colonizado y desangrado.

Mi nombre es Omar Campos, soy mexicano de nacimiento y chino de corazón desde que llegué por primera vez a esa nación. Soy profesor de universidad en temas de Economía, Administración y Reingeniería de Procesos, además de empresario. He terminado de escribir un libro titulado “Shanghái, la casa del águila” que algún día veré publicado y que espero alguien lo lea. Amo China, más Shanghái, es mi segunda casa, Pekín es hermoso pero me causa angustia su tamaño, el hermoso Hangzhou se robó algo de mí. Me tocó caminar en una nación que acabó por cambiarse a sí misma y al mundo mientras recorría sus calles, estuve en su presentación al mundo en 2008 y quiero compartir con los lectores mi visión de esta fascinante nación. Hoy mi país vive una desastrosa guerra que nos tiene sumidos en una enorme fosa mortuoria, la corrupción es cínica y una forma de vida; las comparaciones son ociosas más entre países tan distintos, pero China, México y el mundo no son tan diferentes. Entender cómo se transformó China podrá ayudarnos a cambiar al mundo y a entender nuestro entorno global desde un punto de vista humanista.