Conversemos un poco sobre las relaciones internacionales de China. Para empezar diré que el estilo actual de relaciones internacionales es relativamente nuevo para este país asiático. Más específicamente, son tres convenciones internacionales que China ha adoptado de los países occidentales para su acción en el globo: la soberanía, el nacionalismo y el multilateralismo.

Relaciones Internacionales de China: la soberanía, el nacionalismo y el multilateralismo

China adoptó la soberanía y el nacionalismo tres siglos después de que éstas prácticas se institucionalizaran en Europa. Cabe recordar que el Estado-nación moderno nació en Europa después del evento conocido como la Paz de Westfalia, en 1648; pues bien, en China el Estado-nación surgió apenas en 1949. Antes, desde la Primera Guerra del Opio (1839-1842) hasta la fundación de la República Popular China –lo que los chinos llaman el “Siglo de la humillación” – el país asiático vivió una serie de eventos revolucionarios que, poco a poco, cambiaron su manera de ver y relacionarse con el mundo. Estoy hablando de una cultura política que no tenía fronteras en su imaginario mundial, ni una “comunidad imaginada” estrictamente confinada dentro de esas fronteras. Porque son las fronteras y, en menor medida, los nacionalismos, las bases de las relaciones internacionales actuales. En este sentido, a China le tomó un siglo comprender y adoptar, en su cultura política, la “internacionalidad” del sistema mundial por medio de la soberanía y el nacionalismo. Por ello, en la actualidad a aquéllos que proponen el concepto de “orden pos-Westhpaliano” se les hace raro que China defienda, firmemente, su soberanía territorial; de igual manera, varios políticos, estadunidenses sobre todo, observaron de manera alarmante el despliegue de sentimientos nacionalistas en China durante los eventos en Belgrado, en 1999, cuando un avión estadunidense destruyó la embajada China en Yugoslavia.

Sin embargo, aunque por un lado el nacionalismo tenga cierto nivel de consolidación al tratar de incluir a todos los grupos étnicos en el imaginario político y cultural de China, no se puede decir lo mismo de la soberanía. La elite política considera que la soberanía de China está fragmentada por el asunto de Taiwán y las islas en disputa. En publicaciones posteriores me adentraré más en estos asuntos.

Además de las dos convenciones previamente mencionadas, el multilateralismo es otra práctica que China adoptó, aunque de manera más reciente. Es importante recordar que a causa de la dinámica de la Guerra fría, China permaneció fuera de las principales organizaciones multilaterales por casi 30 años. Hasta 1971 se unió a Naciones Unidas, 1980 al Banco Mundial, y hasta 2001 a la Organización Mundial del Comercio. El 29 de junio de 2015, se firmó en Beijing el documento que dará nacimiento al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, lo que habla de un nuevo impulso al multilateralismo en las relaciones internacionales de China, y en el cual Beijing quiere ser líder. Dedicaré futuros comentarios a la participación multilateral de China.

Así, para comprender las relaciones internacionales de China, es básico tomar en cuenta la soberanía, el nacionalismo y el carácter multilateral en las acciones exteriores de este país asiático. Si bien hay quienes consideran que las relaciones internacionales de China son, eminentemente, pragmáticas, hay patrones recurrentes que facilitan el análisis.

Por último, me gustaría enfatizar el probable “regreso a lo antiguo” en las relaciones internacionales de China. Con esto me refiero al uso oficial de conceptos como “mundo armonioso” o “Ruta de la seda”, que existieron, de alguna u otra manera, en los vínculos de China antigua y otros pueblos. No obstante, esto queda sujeto a debate, ya que –vuelvo a decir– China presenció todo un siglo de revoluciones que, si bien no eliminaron ciertas prácticas antiguas, si produjeron grandes cambios en el pensamiento político chino. El “mundo armonioso” o la “Ruta de la seda” son palabras antiguas, sino o eurocéntricas, que son adaptadas a las exigencias globales del siglo XXI.

Mi nombre es Eduardo, mexicano de corazón y estudioso de China de profesión. Estudié Relaciones Internacionales en la universidad y tengo un posgrado en Estudios sobre China. Mi interés por China surgió al momento de ver la clásica película “El Último Emperador”, en mi adolescencia. A partir de entonces mi curiosidad por esta interesante cultura creció, así como la dedicación de mi tiempo para su estudio. Esto me ha llevado a participar en publicaciones, reseñas y ponencias sobre las relaciones internacionales de China, de manera profesional. Espero poder algún día comprender, de manera más cabal, el andar global de este país.